Sep. 23rd, 2020

Redireccionando.

Quizás buscabas ESTO.

Nov. 16th, 2014

((Sigue desde aquí))

[Sin dejar de besarte, avanzando a lo largo de tu cuello, busca deshacerse del corpiño o de lo que sea que aún lleves cubriéndote.]

Jan. 30th, 2014

Un pensamiento para los que no están.

Está buscando en las gavetas una taza o lo que sea para servirse un poco de café cuando lo encuentra: el termo. No su termo, a pesar de que lo compró él, así que técnicamente es suyo, supone. Aunque no lo compró para usarlo él, y eso es lo que importa. Lo compró para Dick.

Pero, el asunto es que Dick se fue. Y dejó el termo atrás.

Pareciera que todos dejan algo atrás, piensa mientras toma el termo para quitarle algo de polvo. Termo que no ha tocado desde la última noche en que lo dejó lleno en la ventana (listo para el patrullaje nocturno de su amigo), lo que le parece siglos atrás; antes de irse, antes de regresar. Termo que no le parece apropiado usar, no sin Dick alrededor para vaciarlo de café.

Pareciera que todos dejan algo atrás, piensa otra vez. Y a mí también.

Le toma medio segundo darse cuenta de lo deprimente que fue eso y, wow Sam, no, quizás sí necesitas ese café con urgencia. Y poner algo de música, ir a jugar con Bessie o llamar a Chuck. Pero incluso con eso en mente mira vacilante el termo entre sus manos, y no se anima a usarlo. Lo deja otra vez sobre la gaveta. Lo contempla.

Y, es cierto, de todas formas. Todos parecen dejar algo atrás. Como Dean, por ejemplo, que dejó su auto, su colección de música, sus armas, su ropa, su taza, sus... revistas, la mancha de cerveza sobre el sofá, las marcas de sangre cerca del clavo del cuadro torcido, la pintura salpicada en el techo de su habitación, las tejas de color diferente en el porche, el rayón casi invisible en su buzón. Dean, que le dejó a Bessie. Su hermano está en prácticamente todo lo que lo rodea las veinticuatro horas del día, tanto que a veces se le hace un poco difícil recordar que no está realmente.

Y entonces está Cas, que dejó la marca de su mano en la pared de Dean, los símbolos de protección enoquianos grabados en el marco de cada puerta y ventana, su imagen junto a las suyas en las fotografías enmarcadas, siempre con una sonrisa tan incómoda y tensa que parece más bien una máscara de teatro y es graciosísima de ver ("Hombre, te enfrentaste a Lucifer y no puedes sonreírle a una cámara", le había dicho Dean, "¡no va a morderte!"). O Tina, que dejó en su cocina moldes para galleta (y harina en lugares insospechados) de esa vez que intentó enseñarle repostería, una carta de despedida que irradia energía positiva y un set de terriblemente vergonzosas fotografías de la noche en que Robin y él sobrevivieron al monstruo en el bosque (y que ellos finalmente nunca destruyeron, qué demonios fue esa noche). Como Hellboy, también, que dejó unos cuántos libros sospechosos, videojuegos y un pack de cervezas en la nevera del Club (sí, todo en la nevera), y uno de sus tóxicos habanos que Sam guarda en alguna parte y que esta muy seguro que jamás va a probar ("Para cuando quieras sentirte como un hombre de verdad", le dijo Hellboy cuando se lo regaló. "O un demonio, o un híbrido o lo que quiera que seas, ya sabes"). Como Adam, que dejó una pila de cómics, una pelota, soldaditos y un tren de juguete, varias historias escritas por él a medio terminar, y un dibujo de Sam persiguiendo a un alien con una red (realmente le gustaban los aliens) que una vez le regaló, y que él guarda desde entonces. Y Dick otra vez, que le dejó una torre impresionante de películas tan-malas-que-son-buenas que no llegaron a ver juntos, un maravilloso guante-computadora, nuevos conocimientos en defensa personal, un pendrive con algunas fotos (no tan vergonzosas, gracias a Dios), un montón de risas y buenos recuerdos y... un termo.

Un termo que no se atreve a usar ahora, porque implica hacerlo sin él.

Okay, así que, claramente los extraña, cierto. Pero... ¿ahora qué? ¿Va a prohibirse tocar o usar cualquier cosa que haya sido de ellos, como si sin su permiso o su presencia corriera el riesgo de activar alguna especie de maldición (aunque tiene sus dudas sobre si eso no aplique de forma literal con los libros de Hellboy en la nevera)? ¿Acaso no es más triste pensar que todas esas cosas podrían simplemente permanecer ahí, sin volver a ser usadas nunca más por nadie? ¿Acaso usarlas no sería un modo de recordarlos, de traerlos un poco más de regreso incluso si no están? Quizás debería empezar a hacerlo. Usarlas.

Así, si Dean regresa no podrá regañarlo por no haber cuidado del Impala, porque lo habría sacado a dar una vuelta y lavado una vez por semana. Y tal vez si mira con atención de vez en cuando las fotografías con Cas, la próxima vez que lo vea se le haya ocurrido algún consejo para que el ángel pueda sonreír a la cámara sin parecer indispuesto (e incluso si no, le habrán sacado a él varias sonrisas). Podría pedirle a Chuck que le ayudara a hornear algunas galletas con los moldes de Tina, y reírse un rato con sus fotografías cuando la nostalgia le gane a la vergüenza (porque manos de espuma, gorros de alce y jugar al caballito; qué demonios fue esa noche). Algún día tal vez se sienta lo suficientemente valiente como para encender el habano de Hellboy, y así si alguna vez vuelve a encontrárselo pueda decirle que probablemente casi murió ahogado en el intento. Y quizás algunos días agarre los cómics de Adam para darles una hojeada, y más posiblemente se siente a leer las historias de su autoría para imaginarse cómo hubieran podido terminar si el chico las hubiera finalizado alguna vez (y si llega a verlo de nuevo, totalmente va a pedirle que las termine). También podría programarse una noche a la semana para ver una de las películas tan-malas-que-son-buenas, para que la próxima vez que vea a Dick pueda decirle que se partió de risa y bebió café en su honor.

Porque espera volver a verlos, algún día. Porque, por qué no; si algo le ha enseñando Nadalandia, después de todo, es que las cosas son mucho menos imposibles de lo que parecen. Y si no llega a volver a verlos, al menos podrá recordarlos como se debe.

Sí, asiente para sí; eso suena bien. Acto seguido recupera el termo de la gaveta, y se acerca al lavaplatos para lavarlo un poco y llenarlo.

Y, quién sabe, luego de eso quizás ponga a todo volumen uno de los discos de rock ochentero de su hermano, para acompañarse con un solo de guitarra estrepitoso mientras bebe de su café.

Nov. 12th, 2012

[Cementerio | Varios días después de Halloween]

[Una vez que se ha asegurado de estar completamente solo, respira profundo y cierra los ojos para concentrarse.]

Hey, Castiel, es... Es Sam. Espero que puedas oírme, donde quiera que estés.

Yo... Sólo quería pedirte que regresaras, por favor. O que te muestres si es que estás por aquí. Mira, yo sé que quizás ahora piensas que haces mejor manteniéndote lejos, pero... No estoy tan seguro de eso. [...] Te necesito, Cas. [Dean te necesita.] Y podemos resolver todo esto, lo sé. Pero juntos. [...] Necesito tu ayuda.

Así que... Sólo-- Por favor regresa, Cas.

[Y en medio del silencio, espera que alguien haya escuchado sus palabras.]

Nov. 11th, 2012

Sobre cómo están mis musos en Nadalandia (post-Halloween, a-ahahah)